domingo, 29 de enero de 2012

Puede llegar a ser el puto único motivo por el que seguir viva.


No hace falta que me digáis eso de que perdeis la cabeza, por eso de que sus caderas… ya sé de sobra que tiene esa sonrisa y esas maneras y todo el remolino que forma en cada paso de gesto que da. Pero además lo he visto serio, ser él mismo, y en serio que eso no se puede escribir en un poema. Por eso, eso que me cuentas de que “míralo, como bebe las cervezas” y “como se revuelve sobre las baldosas”  y “qué fácil parece a veces enamorarse”; todo eso de que él puede llegar a ser ese puto único motivo de seguir con vida y a la mierda con la autodestrucción; todo eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor, es un cuento que me sé desde el día que me dió dos besos y me dijo su nombre…

No sabes lo que es despertarte y que él se retuerza y bostece, y luego te abrace, y luego no sabes como deshacerte de todo el mundo. Así que supondrás que yo soy la primera que entiende, que pierdas la cabeza por sus piernas, y el sentido por sus palabras, y los huevos por un mínimo roce de mejilla. Que las suspicacias, los disimulos cuando su culo pasa, las incomodidades de orgullo que puedan provocarte, son algo con lo que ya cuento. Quiero decir que a mí de versos no me tienes que decir nada, que hace tiempo que escribo los míos. Que yo también lo veo, y cuando el cruza debajo del cielo solo el tonto mira al cielo. Que sé como agacha la cabeza, levanta la mirada y se muerde el labio inferior. Que conozco su voz en formato susurro y en formato gemido y en formato secreto. Que me sé sus cicatrices y el sitio que lo tienes que tocar en el este de su pie izquierdo para conseguir que se ría. Que yo también he memorizado su número de teléfono pero también el número de sus escalones y el número de veces que afina las cuerdas antes de ahorcarse por bulerías. Que no sólo conozco su última pesadilla, también las mil anteriores. Y yo si que no tengo cojones a decirle que no a nada porque tengo más deudas con su espalda de las que nadie tendrá jamás con la luna, y mira que hay tontos enamorados en este mundo… Que sé la cara que pone cuando se deja ser completamente él, rendido a ese puto milagro que supone que exista. Lo he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana. No me hablen de paisajes si no han visto su cuerpo. Que te entiendo, que yo escribo sobre lo mismo. Que razones tenemos todos, pero yo, muchas más que vosotros.


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